Transformación de los restos de un antiguo edificio residencial y fonda para usos sociales y culturales en Arrankudiaga Bizkaia
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the thing I came for:
the wreck and not the story of the wreck
the thing itself and not the myth
the drowned face always staring
toward the sun
the evidence of damage
worn by salt and sway into this threadbare beauty
the ribs of the disaster
curving their assertion
among the tentative haunters.
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Adrienne Rich, Diving Into the Wreck
La recuperación del antiguo edificio de Oxinburu y su transformación es la historia de un naufragio, o más bien del acto de sumergirse en un naufragio para tratar de recuperar lo salvable, no solo del edificio existente anteriormente sino también de un proyecto que parecía naufragar con él. Y volver a emerger de él, varios años más tarde, inevitablemente cambiados. Nadie vuelve indemne de un naufragio, ni un edificio, ni un proyecto, ni unas arquitectas. Como Adrienne Rich en su poema, muy presente en nuestro ánimo al empezar la obra en la que nos sumergíamos con medios muy limitados, bajábamos a las profundidades de un océano de mitos para explorar los restos de un naufragio, con toda su podredumbre y toda su belleza.



El concurso para la transformación del edificio residencial de Oxinburu, un edificio en el borde del río Nervión que era como un pecio, casi totalmente desmantelado a excepción de sus muros exteriores había dado lugar a un proyecto complejo, que aunque de gran calidad, mayor que el resultado final de la intervención, casi desde sus inicios se vio plagado de incertidumbres y dificultades de toda índole, entre las que las económicas, evidentemente, no resultaron las menores. El lento desarrollo del proyecto, ligado a la necesidad de búsqueda de financiación, en un municipio de apenas mil habitantes dispersos, no benefició tampoco a un presupuesto elaborado en tiempos de crisis, y estas dificultades aumentaron con los años, las vicisitudes socio-económicas, los caprichos de los mercados y las guerras mundiales, iban haciendo más notoria la gravedad de un naufragio, en el que resistíamos como en la balsa de la Medusa de Géricault.



Finalmente la obra, con una contrata empeñada en un desmantelamiento progresivo del proyecto que contaba con la autoridad que le confería la aquiescencia de la propiedad representada por sus técnicos, se convirtió para las arquitectas en un proceso de defensa denodada del mismo, de prueba y error, de re-proyecto constante, de mendigado de alternativas posibles, de implorar soluciones para intentar emerger de nuevo del naufragio, sino indemnes si al menos vivos. Como Rich poco a poco nos fuimos desprendiendo de todas las historias que rodean al naufragio, todo lo superfluo del proyecto, hasta quedarnos solo con lo esencial, solo con los huesos que incluso habían sido también modificados. Recorrimos los restos de lo que fuimos, en un sentido físico, en el edificio y en su memoria que pretendíamos rescatar; y en un sentido figurado analizando los restos de un proyecto para salvar lo esencial. Pero, sobre todo, rescatamos lo que aún quedaba intacto y que podría ayudarnos a reconstruir un nuevo Oxinburu, donde la ciudadanía de Arrankudiaga y alrededores pudiese acceder a un espacio para la cultura y para la vida comunitaria. Un nuevo comienzo desde el recuerdo de las historias y los mitos locales centrado en la presencia de los restos del edificio, pero enfocado a su futuro como una herramienta de cohesión vital y cultural. Sobre si lo hemos conseguido o no, nuestra percepción varía con los días, de momento apenas lo hemos vislumbrado habitado pero esa breve visión nos ha encendido la esperanza.




La intervención en el edificio Oxinburu parte de la premisa marcada por el ayuntamiento de Arrankudiaga de posibilitar la transformación de un edificio de origen residencial en un espacio multidisciplinar que albergue las diversas actividades socioculturales del municipio.
La propuesta plantea una nueva distribución basada en las siguientes premisas: Generación de espacios versátiles, que puedan acoger los usos propuestos, pero que también se pueda adaptar a futuros retos y transformaciones. Aprovechamiento máximo del espacio disponible y generación de espacios luminosos de fácil lectura. Profusa entrada de luz en el edificio, generando un espacio interior lleno de luz y fácil de utilizar. Diversas opciones de sectorización de los espacios para distintas opciones de uso. Actuación respetuosa con la edificación y entorno urbano adyacente y puesta en valor de las pre-existencias, pero sin pretender nunca reconstruir la volumetría original miméticamente, ya que las premisas programáticas obligan a una ampliación del volumen edificado.

Dada la volumetría original del edificio, y con el fin de evitar en la medida de lo posible la existencia de pasillos y de largos recorridos en el interior del edificio, la intervención contempla la ejecución de un atrio central que sirva de recibidor a la ciudadanía y de distribuidor de las distintas estancias. El atrio se ilumina cenitalmente mediante su gran lucernario y también mediante huecos de fachada que permiten la entrada de una profusa luz en los espacios que lo rodean facilitando la identificación y ubicación de las distintas estancias.



El interior del edificio se articula mediante dos grandes cajas: Una ubicada en el lado noreste del edificio, girada en su extremo para conectarse al espacio público, que alberga la sala multidisciplinar (espacio para actuaciones, cine, exposiciones, ensayos de danza, asambleas, charlas, mesas redondas, etc.), vinculada mediante un gran ventanal la herriko plaza situada en Elexalde el núcleo urbano de mayor entidad de Arrankudiaga-Zollo, y que es por ello el espacio de mayor importancia en la trama urbana del municipio, y que aglutina por ello, muchas de las actividades sociales y recreativas de sus ciudadanos. La otra caja, ubicada en el lado suroeste de la edificación, alberga espacios de aforo menor, con mayor necesidad de privacidad, destinados a actividades vinculados a la enseñanza y estudio.



En la planta baja la intervención favorece la máxima permeabilidad del edificio con el espacio público adyacente abriendo todas sus fachadas al mismo, y complementando además el espacio público circundante mediante la ejecución de un nuevo mirador al río Nervión. Además, el muro de mampostería en su fachada norte desaparece para configurar un gran acceso que conecta visualmente la edificación en planta baja con la plaza, pudiendo servir además de acceso alternativo, en los eventos más multitudinarios o los que así lo requieran. Este acceso funciona en consonancia con la ventana que se abre en la caja superior que ofrece la posibilidad de conectar visualmente el interior de la sala polivalente con la herriko plaza, enmarcando las edificaciones más reseñables del centro de urbano, entre ellas la iglesia barroca de Santa María o Nuestra señora de La Asunción y la ermita de los Santos Antonios Abad y de Padua. Una imagen que, como si de un cuadro de José Arrue se tratara, servirá de trasfondo escénico en los actos en los que pueda resultar adecuado como charlas etc. Este ventanal permitirá además que las actividades que en ella se realicen puedan ser seguidas también desde la calle o viceversa.



El proyecto plantea desde un principio mantener la planta diáfana tal y como se encontraba tras el vaciado y derribo de toda la estructura interior realizada de forma previa por el ayuntamiento. Para ello se ejecuta una estructura de muros portantes adosada a los muros de mampostería existentes que a diferencia de la de proyecto de ejecución mayoritariamente de madera contralaminada, se convierte en obra en una mixta de madera y hormigón, con grandes pantallas y pilares apantallados en planta baja que soportan los muros de hormigón y los forjados colaborantes mixtos con grandes vigas de madera laminada en las cajas superiores y las cubiertas de las mismas. Esta modificación realizada fundamentalmente por motivos económicos permite, por su mayor masa, simplificar las complicadas soluciones acústicas del proyecto de ejecución reduciendo el coste general de la intervención. El esquema estructural que funciona de forma análoga a la estructura de mampostería existente anteriormente, posibilita la ejecución de una planta libre en la que se sitúan un número mínimo de elementos fijos vinculados a los elementos servidores (aseos, offices, salas de instalaciones, almacenaje, control, ascensores etc.) que sirven para articular el espacio, consiguiendo una planta flexible y adaptable fácilmente a diversas actividades. El espacio se divide así por ámbitos o zonas y no por recintos cerrados. De este modo no existen áreas fijas y cerradas para cada función, sino que el programa se despliega por toda la planta en espacios adaptables, versátiles y polivalentes en su uso. Se construye así un edificio capaz de responder a las necesidades actuales del municipio de Arrankudiaga-Zollo, pero mediante un sistema que posibilita la adaptación necesidades futuras.


La planta baja alberga en su extremo noreste un espacio multidisciplinar. Un espacio luminoso y diáfano, vinculado al espacio público al que se accede directamente desde la terraza cubierta bajo el gran vuelo de la sala polivalente. La apertura de este hueco en fachada posibilita una profusa entrada de luz, evitando modificar la configuración original de los muros de mampostería conservados, no siendo necesaria la apertura de nuevos huecos para la iluminación del espacio. El espacio multidisplinar dispone de un office que por su disposición a modo de barra abierta permite su uso tanto como espacio para talleres de cocina, o como barra de bar eventual y txoko vinculado a programaciones concretas. Contiguo a este elemento se ubica la sala de máquinas para la bomba de calor geotérmica del edificio. En el extremo suroeste de la edificación, se encuentra el gimnasio que dispone de accesos y salidas independientes a la terraza exterior vinculada a dicha aula de ejercicio. Y un núcleo de servicios que complementa a los ya existentes en el núcleo de comunicaciones, para satisfacer las necesidades del uso previsto y de su ubicación vinculada al espacio público. En planta primera y planta bajocubierta se ubican dos cajas unidas mediante pasarelas del atrio central y el núcleo de comunicaciones vertical.



La caja noreste, de aforos mayores y con una mayor vinculación al espacio público, alberga la sala multidisciplinar o polivalente. Se trata de una sala de gran altura que, dotada de un balcón o platea, puede utilizarse como espacio a doble altura o ocupando únicamente una de sus plantas según el aforo, el tipo de espectáculo y las necesidades de cada programación. Esta sala dispone de un gran ventanal que permite la conexión visual con el espacio público exterior.

La caja situada en el lado suroeste del edificio alberga los usos más tranquilos y menos vinculados al espacio público, una pequeña biblioteca o salas de estudios y sala de yoga. A pesar de no haberse ejecutado en esta fase, la configuración propuesta en proyecto, con deambulatorios alrededor de todas las fachadas de la edificación, permite la sectorización de cada uno de los espacios propuestos en 2 o 3 espacios según las necesidades, permitiendo adaptarlo a distintas necesidades y usos futuros.





La necesidad constante de reducir el coste de las soluciones constructivas del proyecto de ejecución, que presentaba unos acabados de mayor calidad y dificultad constructiva que la contrata se negaba a implementar, condiciona sobremanera toda la obra, pero esta necesidad de construir con la carencia, por ponerlo en palabras de Smiljan Radic es tratada por los proyectistas como una oportunidad: Por un lado de construir de la forma más sencilla y lógica posible, mostrando sin pudor -especialmente en el interior del edificio- los huesos del mismo sin apenas usar pieles que los oculten. Pero también para mostrar los restos del naufragio, -tanto el anterior del edificio existente, como el mismo hundimiento del proyecto producido en fase de obra- hasta una escala sin precedentes, salvaguardando los distintos sustratos de su historia, y el máximo de elementos existentes en el edificio (restos de carpinterías, herrerías y balcones, e incluso vanos de ventilación del bajocubierta.





Por último, cabe destacar la utilización de una escalera exterior cubierta de estructura ligera y pavimento de madera, que sirve como escalera de emergencia exterior necesaria para la evacuación de la sala polivalente en los eventos de mayor aforo, y complementa y amplía la función de mirador de las terrazas inferiores, añadiendo nuevos espacios exteriores de gran calidad ambiental y paisajística, mediante sus balcones superiores dotados de amplias vistas hacía el meandro y la bella vaguada del cauce del río Nerbioi que discurre bajo la edificación. Dando de esta forma un nuevo sentido al nombre por el que resultaba conocido desde siempre el edificio residencial y la fonda situada sobre la poza del río, Oxinburu, hoy convertido en un espacio para la vida social y cultural del pueblo que lo rehabita.
































