¿Por dónde habría habido que comenzar una historia natural de la destrucción? ¿Por una visión general de los requisitos técnicos, de organización y políticos para realizar ataques a gran escala desde el aire, por una descripción científica del fenómeno hasta entonces desconocido de las tormentas de fuego, por un registro patográfico de las formas de muerte características, o por estudios psicológicos del comportamiento sobre el instinto de huida y de retorno al hogar?
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W.G. Sebald, Sobre la historia natural de la destrucción
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La intervención de transformación de las naves orientales de la antigua fábrica de armas Sociedad Anónima Plasencia de las Armas (SAPA) para la generación de un espacio público cubierto polifuncional, que pueda funcionar como una especie de condensador urbano en un municipio muy necesitado de espacios de encuentro y esparcimiento, constituye sin lugar a dudas, una gran oportunidad para la recuperación de una parte importantísima de la historia de Soraluze y la puesta en valor de su patrimonio, mediante la incorporación de parte del espacio ocupado por esta al necesitado tejido urbano del municipio sin renunciar a la memoria del pasado industrial que ha conformado la imagen de la villa hasta la actualidad. Se trata de una actuación altamente transformadora enfocada a la creación de un nuevo espacio público multifuncional y polivalente para Soraluze. Un espacio comprometido con el contexto en el que se integra, pero que en lugar de replicarlo tal cual, es capaz de reordenarlo, mediante la reestructuración de la jerarquía visual, espacial y material del ámbito. Un espacio simple pero potente, y sobre todo firmemente conectado a su entorno y a la vida cotidiana de Soraluze.
En el año 2019 el equipo de behark es contratado para estudiar las alternativas posibles de intervención para la regeneración urbana del área degrada del ámbito que incluye las edificaciones de la SAPA que en base a la normativa vigente se debían consolidar, a excepción de las naves y edificaciones más orientales que se encontraban fuera de ordenación y que se preveía derribar para la apertura de un nuevo espacio libre en las proximidades de la pasarela de Gabolats. Tras la visita a las evocadoras ruinas industriales el equipo de proyecto impactado por su belleza y convencido de su valor, inicia un largo camino para convencer tanto a los responsables municipales, como a las distintas administraciones, incluidas Agencia Vasca del Agua y Diputación de Gipuzkoa, de la necesidad de salvaguarda del pasado y de la idoneidad tanto técnica como económica de su recuperación para la generación de un espacio para la vida a partir de la transformación de los restos de lo que fue una industria para la guerra.
Este largo camino de varios años iniciado mediante un ambicioso anteproyecto que incluía la transformación completa de las dos naves orientales y una nueva pasarela de comunicación rodada y peatonal, se concreta ahora con la ejecución de la primera fase de la transformación de la nave oriental de la fábrica de armas en una factoría para la vida, a falta la reconstrucción del antiguo edificio de baños y pinturas, que a pesar de los denodados esfuerzos realizados por parte del equipo redactor para demostrar no solo la viabilidad técnica de su conservación, sino su lógica desde un punto de vista económico y social, se ha debido derribar parcialmente para dejar espacio para la maquinaria necesaria para la sustitución del puente Gabolats. Esta intervención de sustitución del puente que será acometida inmediatamente por la Agencia Vasca del Agua ha derivado en la elaboración de un plan de fases que permita la ejecución del proyecto completo desarrollado en el proyecto básico de manera escalonada en dos fases. Una previa a los trabajos previstos de sustitución de la pasarela y una posterior a ejecutar tras la finalización de los mismos.
La tradición de la industria armera de Soraluze se remonta al siglo XVI, en concreto al año 1573 en el que se establece la Real Fábrica de Armas de Placencia, y en concreto se desarrolla en el ámbito de la intervención en distintas formas, primero como talleres gremiales y después en modernas fabricas industriales hasta el cierre de la como Sociedad Anónima Placencia de las Armas, hasta su cierre en el año 2005. Es a principios del siglo XX cuando se levanta el interesante conjunto fabril que ocupa el estrecho emplazamiento entre el río Deba y la principal carretera de la localidad. Este se construye muy condicionado por la falta de espacio en el núcleo urbano, alineado longitudinalmente al cauce del río. Su imponente presencia en el municipio es notable prácticamente desde cualquier ubicación. Las instalaciones de la fábrica se disponen individualizadas en cinco edificios ceñidas al meandro del río, cada uno adaptado tipológicamente en función del uso que se le iba a dar dentro de la cadena productiva, naves para la producción de cañones, edificios de oficinas, talleres y nave de pinturas y tratamientos térmicos. Las naves diáfanas de una sola planta eran el lugar donde se procedía al montaje y ajuste de los cañones. Se edificaron con estructura de acero con pilares y vigas de celosía remachados, al igual que las cerchas, de tipo Pratt.
Se cubren a dos aguas, con el caballete paralelo a la fachada más larga y por lo tanto al río Deba. El acceso tenía lugar originalmente desde las fachadas cortas por medio de puertas en arco de medio punto, que posteriormente al adosar nuevas construcciones en los testeros, se sustituyeron por los nuevos accesos adintelados desde los edificios colindantes. La profusa iluminación era en parte cenital, pero principalmente se logra gracias a una línea de vanos dispuestos regularmente en ambas fachadas longitudinales.Su interior totalmente diáfano con una amplia superficie libre y útil sin compartimentación, se encontraba al inicio del proyecto poblado por los restos de producción y por las máquinas de la industria, invadidas por la vegetación, en un estadio inicial de ruina, que resultaba aun así muy evocador y de gran belleza. Una circunstancia esta, que cobra gran importancia en la nueva propuesta, y que se trata de trasladar al proyecto de recuperación de la nave como espacio público y nave multifuncional, con la recuperación de diversos elementos de las mismas tratando siempre de evocar el recuerdo -romántico- de la ruina y apelar a la memoria de los habitantes de Soraluze.
De las edificaciones descritas anteriormente la intervención propuesta se circunscribe a los edificios que se levantan sobre la parcela prevista para espacio público en el extremo oriental. Ambos fuera de ordenación por su complicada ubicación dentro de la trama urbana, pero poseedores de un gran valor histórico y social por lo que suponen como elementos simbólicos y materiales de la identidad de Soraluze como villa industrial. En base a ello, y para que tan importante patrimonio no desaparezca, la propuesta apuesta no solo por la recuperación de su estructura de ambas naves, readecuándola para adaptarla a los nuevos usos públicos del espacio, sino por la transformación de las misma y la consolidación de su memoria, mediante la reproducción de su volumetría, reconstruida en forma de una piel traslucida y transparente de policarbonato, que los desmaterializa y aligera su presencia, pero no los relega a la desaparición, ni al olvido. Siguiendo esta premisa la gran nave longitudinal se recupera como un gran espacio público cubierto polivalente que permite el uso de su espacio en múltiples formas en función de las necesidades de sus futuros usuarios. Bien sea como un espacio diáfano más abierto, como una gran plaza cubierta o un mirador sobre el río; bien como una sala multifuncional, apta para conciertos o verbenas, para una feria o un mercado; o bien con la posibilidad de funcionar incluso como un recinto cerrado para eventos en los que sea necesaria una sectorización o control de accesos. Para ello su cubrición no se limita solo a la cubierta, algo que sería contraproducente, ya que debido a la altura de la edificación existente, no podría ofrecer la suficiente protección frente a las inclemencias meteorológicas los días de viento; sino que se extiende como una nueva piel traslucida por sus fachadas hasta la altura de una planta primera, reproduciendo la fachada original de la edificación existente en la actualidad, incluso en sus vanos y molduras, pero en forma de una piel con distintos grados de transparencia. Esta piel doble a fin de reproducir la materialidad de los muros permitirá en una segunda fase alojar en su interior un sistema de cerramientos elevables de policarbonato traslucido accionados mediante un mecanismo de guillotina, que permitirán graduar la permeabilidad de la plaza. Del mismo modo sendos paneles correderos posibilitaran el cierre las puertas de ambos testeros laterales que se mantienen en su estado original, contribuyendo a una correcta transición entre los distintos espacios de la intervención, mediante la creación de una escenografía en las circulaciones que nos retrotrae al uso de los pabellones existentes, al reproducir su potente eje central.
La estructura de la nave se recupera con toda su belleza y complejidad y se pinta en un color verde reminiscente del de la maquinaria de la fábrica, mientras que los nuevos añadidos y subestructuras de soporte de la nueva piel se pintan en color azul.
La nave de tratamientos térmicos, pintura y baños, derribada parcialmente en esta primera fase por resultar necesario para la construcción del nuevo puente a cargo de URA se transforma transitoriamente en una ruina romántica construida de manera sencilla y económica con las herramientas y estrategias aprendidas del urbanismo táctico.
Durante una fase transitoria funcionará como espacio público y un espacio de desahogo para las circulaciones peatonales de acceso a la pasarela Gabolats y en una segunda fase se recuperará para la generación de un espacio cubierto de transición entre la nave principal y la pasarela. La reutilización de su esqueleto estructural reproducido en estructura mixta de hormigón acero y madera, y la regeneración de su volumetría mediante unas nuevas pieles traslucidas que reproducen sus fachadas a partir de la primera planta, posibilitará la generación de un espacio abierto y permeable en planta baja, de uso peatonal, seguro y accesible. La estructura descubierta generará una barrera de protección frente al tráfico rodado que circula por el trazado que en la actualidad comparte con los peatones. La intervención conseguirá de esta manera solucionar la problemática que el edificio generaba en el desembarco de la pasarela en la ribera occidental del río al tener que convivir el tráfico rodado y peatonal en el cuello del embudo generado entre las edificaciones existentes, no solo sin eliminar completamente la edificación, sino transformándola y sacando partido de su ubicación y configuración, para la generación de un espacio urbano de calidad. Se prevé además que este espacio concentre las comunicaciones entre las distintas cotas del entorno urbano y del propio espacio público cubierto, dando acceso a los miradores, púlpitos y escenarios improvisados que se plantean como complemento al espacio y como alternativa de mejora de la accesibilidad del entorno. Una escalera helicoidal dará acceso a una pasarela que une el espacio con la cota superior de la calle Baltegieta y que generará además un mirador hacía el río y un pulpito ampliable hacia el espacio público cubierto. Será un espacio con gran potencial a la hora de introducir usos e instalaciones servidoras complementarias (ascensores, servicios, aseos o camerinos temporales ligados a actuaciones…) que puedan ser requeridas en un futuro, convirtiéndose en espacio público abierto pero adaptable y singular, pudiendo pasar de ser parte del espacio público cubierto de la nave principal a convertirse en espacio servidor de la escena que sirva de apoyo a la misma en la organización de eventos.
Diversos y sutiles gestos tienen como objetivo mantener vivo el recuerdo de las preexistencias, conservando su carácter y apelando incluso a la belleza de sus ruinas. Se mantienen los testeros de la nave longitudinal con sus vanos centrales, recuperando además las arcadas originales. Tres crujías de la pared original del pabellón sirven hacia el lado del río para apelar al recuerdo de la ruina industrial exponiendo parte de la maquinaría recuperada que se protege tras los mismos, como la máquina de cañones, además de facilitar la transición entre el nuevo espacio público y las preexistencias del complejo que se conservarán con uso residencial. Desde ellas se plantea la posibilidad de un acceso al río mediante unas escaleras ligeras de acero. Se conservan por su valor y belleza los dos puentes grúa y en especial el fabricado en Glasgow a principios del siglo XX. El zócalo azul que bordea todos los paramentos interiores se reproduce en las partes recuperadas, y se reinventa en forma de las barandillas de la intervención de malla cuadrangular pintadas en el mismo color, y como una veladura azul en la parte baja de los paneles de cerramiento de guillotina, que se implementaran en la segunda fase. Se han mantenido en la medida de lo posible todos los elementos que apelan a la memoria del lugar. Incluso las cerchas de la nave de tratamientos térmicos que debían ser acopiadas hasta su reconstrucción se han reutilizado temporalmente en la playa urbana del río Deba sustituyendo a las estructuras metálicas previstas en proyecto para generar una pared vegetada.
Por último, en la zona de transición entre la gran nave longitudinal que conforma el espacio público cubierto y el edificio de oficinas, se genera un pequeño y acogedor patio. Este íntimo patio que sirve de transición entre ambas edificaciones y genera una zona vegetada y amable que de nuevo conecta la intervención con el río. Para ello unas gradas de madera en su zona superior y de hormigón en las zonas más cercanas al rio, que permiten el acceso a la cota de la playa urbana que se genera en el mismo. Esta zona de estancia poblada de vegetación y plantas trepadoras, que crecen en una estructura de enrejado metálico que además sirve para proteger a los usuarios frente al ruinoso estado de los edificios del complejo fabril hasta que estos puedan ser rehabilitados.
A pesar de no haberse podido llevar hasta su conclusión en esta primera fase la intervención de trasformación de la Sapa en un espacio para las personas y la vida demuestra la pertinencia de la reutilización de nuestro patrimonio construido, considerando todo lo existente como un activo, un valor fáctico. A pesar de las dificultades y el trabajo que implica su transformación, en especial para convencer a todos los agentes implicados en la gestión de nuestro entorno urbano, es necesario partir de todas las situaciones existentes y reutilizarlas, revelarlas, enriquecerlas, transformarlas, repararlas y protegerlas en determinados casos. Esta aproximación al patrimonio a través de lo existente toca la idea fundamental de patrimonio como espacio vivido. Su reparación, su transformación y la posibilidad de su metamorfosis se producen, pues, con respecto a esta situación de vida. Además de las cuestiones económicas y ecológicas, la cuestión social es decisiva.